
Hace siete años publiqué en este blog una reflexión titulada “Un desierto que quiere despertar”. https://iglobalcomunicaciones.com/un-desierto-que-quiere-despertar/#more-237 Hoy, al releer aquellas palabras, me duele constatar que no mucho ha cambiado en nuestra actitud colectiva.
Seguimos priorizando el “yo” por sobre el “nosotros”, aplicando la ley del más vivo, buscando razones para desacreditar al otro o descartando a quien comete un error sin ofrecerle una segunda oportunidad. El individualismo sigue al mando, mientras la empatía parece escasa.
Vivimos tiempos de transformaciones profundas: el avance vertiginoso de la inteligencia artificial, conflictos armados en diversas regiones del planeta, una cultura de la inmediatez que nos devora la paciencia y nos impide escuchar. En medio de esta avalancha, necesitamos prepararnos no solo tecnológicamente, sino también emocional y éticamente.
Recientemente, el Papa León XIV —recién electo— inició su pontificado con un llamado claro a la paz. En una de sus primeras intervenciones, pronunció estas palabras desde la Basílica de San Pedro:
“Ayúdenos también ustedes, y ayúdense unos a otros a construir puentes: con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo, siempre en paz”.
(8 de mayo de 2025)
Y yo me pregunto:
¿Qué pasaría si realmente nos tendiéramos la mano unos a otros?
¿Qué pasaría si priorizáramos el diálogo respetuoso y compasivo sobre el juicio y la confrontación?
¿Cuántas vidas podrían salvarse, cuántas niñas y niños accederían a una educación digna, a una infancia feliz, a una vida orientada hacia el amor, la naturaleza y la solidaridad?

Me estremece lo que está ocurriendo en la Amazonía ecuatoriana. La minería ilegal está devastando los bosques, contaminando ríos, asesinando personas, traficando drogas… La lista crece como una enfermedad sin control. Las comunidades y líderes indígenas que luchan por la conservación de sus territorios ancestrales están bajo amenaza constante, ellos y sus familias. Es un verdadero grito silenciado.
Por eso vuelvo al mensaje del Papa: construyamos puentes. Apostemos por el diálogo. Por la paz. Seamos agentes de cambio, pero un cambio arraigado en el respeto, la armonía y la justicia, tanto para las personas como para la naturaleza que nos sostiene.
Desde nuestros propios espacios podemos actuar. Las acciones pequeñas, cuando se suman, generan impactos grandes. Es hora de buscar alternativas, de visibilizar esta problemática ambiental y humana, para que quienes tienen poder y autoridad tomen decisiones valientes. Pero también para que, como sociedad civil, asumamos la responsabilidad que nos corresponde.
Porque cada vida que se pierde por indiferencia o egoísmo, también nos pertenece.
¡Hasta la próxima!!

Excelente amiga, coincido totalmente. Como decía Francisco: «Nadie se Salva Solo»
Correcto, todos nos debemos a todos, lamentablemente cada vez nos volvemos más individualistas y por ende solitarios. Gracias Antonio por tus comentarios los valoro mucho.
Verónica una reflexión humana y un llamado a la compasión. Que quizás más de algunos, entre tantos; ha pensado en algún momento en medio de la convulsionada vida en la que hoy estamos. Y has tenido la capacidad de ordenarla, verbalizarla y escribirla. Felicitaciones.
Estimada Paola, agradezco mucho tu comentario y me alegro haber podido plasmar en unos pocos párrafos ideas tan importantes que nos deben cuestionar a todos. Te agradezco mucho y te invito a que sigas mi blog y los temas que escribo. Un abrazo
Muy interesante